(Y el “país faro” se come su propia retórica)

Por [ Yuniel Perez ] – columna AKubaa

Mira, te hablo claro: no sé si nos estamos acercando a un estado orwelliano, o si simplemente cruzamos un límite sin darnos cuenta. Que Estados Unidos cancele visas por lo que alguien dice en redes ya no es chisme de conspiración: es noticia real. Esta vez cayó un grupo de seis ciudadanos de Argentina, Sudáfrica, México, Brasil, Alemania y Paraguay. ¿La razón?. Comentarios en redes sociales en que celebraban, justificaban o bromaban con la muerte del activista conservador Charlie Kirk

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Y sí, la cosa duele doble en nuestra comunidad cubana: porque muchos hemos recorrido ese camino de esperar una visa, de soñar con estudiar, reunirte, trabajar, regresar, inmigrar. Y ahora vemos que el teclado —el arma digital— puede volverse en tu contra.


🎙️ “EE. UU. no está obligado a acoger extranjeros que piden la muerte de estadounidenses”

Así fue el argumento oficial del Departamento de Estado, en un hilo público en X (antes Twitter). “El gobierno identifica publicaciones que glorifican la muerte de un ciudadano estadounidense”, dijeron. También dijeron que seguirán “identificando titulares de visas que celebraron el asesinato”.

El discurso es duro, retórico, simbólico: “no tienen derecho a entrar”, “no los queremos aquí”. Pero detrás de esas frases hay decisiones prácticas con efectos reales en vidas.

Uno de los afectados confirmó que —tras un comentario en X— le cancelaron la visa de negocios. Se llamaba Nhlamulo Baloyi, originario de Sudáfrica, y decía que Kirk “no será recordado como un héroe”.Otro, el brasileño Tiago Santineli, comentó algo que fue interpretado como broma provocadora: su visa turística también fue revocada. 

¿Te imaginas estar en Ciudad Habana, Madrid, o Miami, con un viaje listo, la ilusión lista, y que te digan “perdiste la visa por un tuit”?. Eso le ha pasado a estos seis. Y puede pasar —o ya pasa— con muchos otros.


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Del discurso a la praxis: libertad de expresión vs. seguridad nacional

La medida abrió una caja de Pandora: ¿Hasta dónde puede llegar el control estatal sobre lo que publicas?. ¿En qué momento tus bromas, tus críticas, tus exageraciones digitales te convierten en enemigo de un país?.

Estados Unidos sí tiene poder amplio para negar o revocar visas (no es lo mismo que deportar, si la persona ya está dentro). En casos de inmigración, la admisión de extranjeros es prerrogativa del Estado. Pero también hay jurisprudencia, valores constitucionales, tratados, defensa de derechos humanos. Y aquí es donde el debate se vuelve un ring.

Organismos de libertades civiles han protestado. Señalan que estas acciones pueden ser castigo por ideas, no por conductas punibles. En el Guardian, por ejemplo, se apunta que:

“Visa revocations under these parameters ‘are censorship, plain and simple’.”

Y es válido preguntar: ¿celebrar una muerte en redes es equivalente a cometer un crimen?. ¿Dónde queda la frontera entre provocación y amenaza real?.

Además, echo de menos que ese discurso proteccionista no se extienda —o al menos no tanto— cuando ciudadanos estadounidenses tuitean discursos de odio, amenazas contra inmigrantes, cuando hay racismo explícito. Hay dobles raseros. Desde Cuba, desde Miami, desde cualquier rincón del mundo que mira Estados Unidos como ejemplo, se ve claramente la paradoja.


El efecto extendido: vigilancia, miedo y autocensura

Este episodio no es un caso aislado: encaja con una tendencia que ya veníamos viendo:

  • En lo que va de 2025, el Departamento de Estado ha cancelado más de 6.000 visas estudiantiles por razones que van desde infracciones de tránsito hasta supuestos vínculos con actividades extremistas.
  • Desde 2019, la política consular exige que los solicitantes de visa presenten sus cuentas de redes sociales usadas en los últimos cinco años.
  • En marzo, se exigió que los solicitantes de visas estudiantiles hagan públicas sus cuentas sociales para que funcionarios puedan revisarlas en detalle, incluyendo contenido borrado. 
  • En casos universitarios estadounidenses, estudiantes internacionales han sido investigados o sancionados por publicar protestas pro-Palestina, lo que muchos han denunciado como agresión a la libertad académica.

No es solo que “cuiden lo que dices”. Es que el Estado puede —y ya lo está haciendo— cruzarse al terreno de la moral digital, del patrullaje del discurso. Esto genera miedo de fondo, que después se traduce en autocensura: “no diga esto, no critique esto otro, mejor me cuido”.

Para nosotros, la diáspora cubana, esa sombra ya la conocemos bien: cuando alguien toca temas sensibles (represión, migración, racismo, Cuba), siempre hay quien dice “ojo, que eso te puede costar”. Pero ahora lo vemos con otros países afectados: México, Brasil, Alemania, Argentina… nadie es inmune.


Ecos cubanos y de la diáspora: lo que está en juego

Permíteme compartir ejemplos más cercanos, nacidos del dolor de quien ha vivido la migración, el exilio y el roce con las visas:

  • En Hialeah, en La Pequeña Habana, muchos jóvenes cubanos crecieron con la fantasía del viaje legal, del “permiso” que abriría puertas. Pero también con el rumor —y más que rumor, con la práctica— de que “tu cuenta de redes no te conviene mostrar”.
  • En Madrid, donde vive una comunidad cubana reagrupada, varios se han rehusado a compartir publicaciones críticas contra el régimen por temor a que eso afecte una visa turista o de estudios de EE. UU.
  • En La Habana misma, hay familias que tienen parientes en EE. UU. y se obligan a medir cada palabra en redes, a no comentar lo que duele, para no complicar trámites de reagrupación.

Cuando un argentino es castigado por un tuit, nosotros —como cubanos— nos estremecemos: “¿qué tal si nos aplican lo mismo por criticar al Gobierno cubano o por exponer injusticias?” Porque el control discursivo no es solo cuestión de EE. UU., es parte del tejido político del mundo moderno.

Hace poco encontré en un foro de cubanos en Tampa una frase:

“Cuba me enseñó a hablar medio bajo; ahora EE. UU. me enseña a escribir con guantes.”

Eso lo resume todo: un exilio no solo es geográfico, sino también verbal.


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¿Libertad de expresión o crimen digital?. El dilema permanente.

Aquí, mi posición AKubaa: no justifico ni defiendo la celebración de la muerte de nadie. Tampoco creo que un Estado democrático deba castigar opiniones —incluso ofensivas— solo por ser eso: opiniones. No podemos dejar que el miedo devore la libertad.

Estados Unidos tiene derecho a decidir quién entra o no entra, pero ese poder no debe usarse como látigo sobre la palabra, salvo en casos claros de amenaza o violencia concreta. Que quien glo­rifique asesinatos lo sufra legalmente —no por ventanilla de visa— puede tener sentido dentro de un Estado de derecho. Pero convertir cualquier tuit conflictivo en motivo para cancelarte el permiso de viajar es un salto hacia el control total.

Y ojo: esto no solo es EE. UU. Imagínate España aplicando medidas similares contra emigrantes latinoamericanos que critican al gobierno español o hacen parodia política en redes. ¿Se convertiría España en una versión menor de EE. UU.-autoritarismo digital?.No es ciencia ficción.


Conclusión: La voz es un arma y un riesgo (y debemos usarla sabiendo eso)

En este mundo digital, nuestras palabras se guardan, se archivan, se traducen, se vuelven evidencia. Un comentario en redes ya no es solo para “likes”, puede ser motivo de revocación de visas, de denegaciones, de listas negras invisibles.

Para los cubanos que vivimos con un pie en dos mundos, esto duele más: porque ya vivimos con restricciones, con vigilancia, con miedo latente. Ahora vemos que ese modelo no se limita aquí ni allá, sino que también crece en el llamado “país de la libertad”.

Pero no debemos callarnos. La interrogante que queda ardiendo es esta: ¿quieres que define tu acceso al mundo quien controla tus palabras?

Te invito, lector de AKubaa: alza tu voz, comparte tu opinión, pero hazlo consciente. Que esto no se convierta en un mantra de silencio. Porque si nos callamos todos, la libertad se vuelve solo una palabra en neón.

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¿Qué opinas tú?. ¿Hasta dónde puede llegar ese control digital sobre emigrantes y visitantes?. Déjanos tu comentario en AKubaa, en nuestras redes, únete al debate abierto. Acá no se calla nadie.

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