Hace unos días escuché la entrevista de la viceministra de Salud Pública, Carilda Peña, en el noticiero cubano. Me quedé con esa frase: “no provoca formas graves, pero es muy molesto”. Esa aseveración retumba más allá de la emisora estatal: tiene sabor de advertencia, de exigencia al pueblo y de llamado al sistema. Porque lo que ahora vive Cuba no es una simple alerta epidemiológica: es un espejo que refleja nuestras carencias, nuestros temores y nuestras urgencias.

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Peña confirmó que el país enfrenta un periodo de alza de enfermedades transmitidas por el mosquito Aedes aegypti, y que a esa presión endémica ahora se une la introducción —oficial— del virus del chikungunya. Para quienes viven dentro o cerca de un municipio como Perico, en Matanzas, esto no es teoría sino realidad: se detectó allí un brote local con transmisión autóctona. Como quien revisa calles inundadas después de la lluvia, quiero andar contigo este recorrido: desde los síntomas, los peligros, las grietas del sistema, hasta las implicaciones para la diáspora. Y quiero que al final sientas ganas de apuntarte a la conversación en AKubaa.


🦟 Chikungunya: lo que sabemos (y lo que no nos dicen)

Quizá ya hayas escuchado que el chikungunya es “ni dengue, ni zika, pero algo entre los dos”. En rigor:

  • El virus se transmite por un mosquito infectado, principalmente Aedes aegypti (el mismo que trasmite dengue). 
  • Los síntomas clásicos aparecen entre 2 y 12 días tras la picadura, más comúnmente entre 4 y 8 días.
  • Lo más característico: fiebre alta, dolor intenso en articulaciones, inflamaciones, sarpullidos, dolores musculares, fatiga.
  • La mayoría de los pacientes mejora en una semana, pero el dolor articular puede persistir mucho más tiempo
  • En la viceministra aparece esa advertencia: en algunos casos, los síntomas pueden prolongarse hasta 90 días.
  • Una complicación posible (aunque no frecuente) es la coexistencia con dengue: se han reportado coinfecciones. En ese caso, los diagnósticos deben distinguir entre virus con pruebas específicas. Peña aclaró: chikungunya con PCR en tiempo real; dengue con prueba IgM. 

Lo que la viceministra no enfatizó es lo que desde AKubaa vemos al observar los hechos: una enfermedad “molesta” que puede detonar crisis en comunidades con sistemas de salud débiles. Que alguien la subestime es un lujo que no podemos permitir.


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La realidad cubana: entre el mosquito, los apagones y la urgencia ciudadana

Cuando escuché el nombre “Perico, Matanzas” asociarlo al chikungunya, me vino la memoria de gente que conozco allá: mujeres que vigilaban macetas, jóvenes que abandonaban tareas para acostarse con dolores, madres que no podían cargar niños por la inflamación en las manos. Lo que para el papel es un “municipio”, en la práctica es una comunidad entera febril.

La viceministra admitió que el mosquito vive dentro de los hogares, que “cada recipiente con agua puede volverse criadero”. Que hay que fumigar, abatizar, eliminar depósitos. Pero también reconoció que la falta de combustible limita las fumigaciones masivas. Entonces nos lanzan una cruzada: que el ciudadano —sí, tú, yo, tu vecino— se comprometa con mosquiteros, repelentes, mangas largas, métodos tradicionales como quemar cáscaras de cítricos. 

Algunas de esas recomendaciones provocan escepticismo. Como dijo un usuario:

“Lo primero es suspender los apagones… la oscuridad del apagón trae mosquitos.”

O esta:

“La salud pública está colapsada… no se hacen pruebas de ningún tipo en mi área.”

Eso es voz del pueblo. Es señal de que muchas veces la teoría y la práctica van por caminos separados. Porque ¿de qué sirve decir “usa repelente” si no se distribuyen o cuesta la mitad del salario en dólar?.

Peña también aludió al dengue: reconoció tres muertes oficiales por dengue en 2025, aunque sin precisar nombres ni provincias. También comentó que el dengue ya está transmitiéndose en 36 municipios de 12 provincias del país. 

Y mientras la viceministra sugiere quemar cáscaras o usar repelentes caseros, la prensa crítica llama esa estrategia “rudimentaria”.

Para mí, esas contradicciones muestran lo que en AKubaa vemos claro: no es solo un problema biológico, es político, social y moral.


La mirada desde allá… y desde acá

Desde Miami, Hialeah, Tampa, por decir ciudades donde reside la diáspora cubana, muchos siguen con angustia las noticias que llegan de la Isla. Escuchan titulares como “brote de chikungunya en Matanzas” y piensan: ¿cómo está mamá, cómo está mi hermano allá?.

Para quienes viven afuera, esto también importa: los viajeros pueden portar el virus. Los CDC clasifican a Cuba con aviso de nivel 2 por chikungunya: “hay un brote, protégete contra picaduras”. Y en agosto pasado, se reportaron ocho casos autóctonos confirmados en Cuba.

También hay un efecto de presión: presión a gobiernos, ONG, medios de salud internacionales para estar atentos, ofrecer apoyo, exigir transparencia. Que la diáspora hable, que haga fuerza diplomática, que comparta experiencias de control vectorial desde otros países.

Desde España o México, cubanos migrantes leen estos artículos y diarios, opinan en redes: “Si allá no hay pruebas, ¿cómo van a saber?”. “Si hay apagones, ¿cómo mantienen frío los reactivos?”. “Si no hay transporte ni medios, ¿cómo hacen fumigaciones?”. Es una conversación global que necesita tener eco.


Lo que no se dice (y lo que debemos exigir)

  1. Capacidad diagnóstica real: ¿pueden los laboratorios procesar todos los casos sospechosos?. ¿Qué tan veloz es la PCR?.
  2. Transparencia en cifras y territorios afectados: muchas veces se dan datos generales sin detalles por municipio, sin identificar víctimas, sin permitir ver mapas reales.
  3. Apoyo internacional y dotaciones médicas: reactivos, insumos, tecnología, campañas de educación.
  4. Tecnologías biológicas para control vectorial: en algunos países usan mosquitos estériles, bacterias (Wolbachia), larvicidas ecológicos; cuestionan por qué en Cuba esas opciones avanzan lento.
  5. Atención a secuelas: hay que monitorear quiénes pueden quedar con dolor persistente o artritis viral.
  6. Responsabilidad colectiva: no solo el Ministerio de Salud, sino gobiernos municipales, comunidades, voluntarios, empresas, ciudadanos.

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Desde AKubaa: nuestra visión

No me basta con que me digan “es molesto, pero no grave”. Ese “molesto” puede traducirse en días sin poder caminar, jornadas sin trabajar, miedo dentro de la casa. No me basta que propongan cáscaras de cítricos cuando la gente sufre apagones de hasta 20 horas al día. 

AKubaa exige que la lucha contra el chikungunya y el dengue sea política de Estado, con recursos reales y rendición de cuentas. Que las comunidades tengan voz, que las víctimas no sean estadísticas, que la diáspora no solo se inquiete sino que participe con propuestas, presión y ayuda.

Por eso, cuando digo “con corazón y con calle”, quiero que este artículo te mueva: a leer con atención, a compartir con tu círculo, a señalar a quienes deben responder.


Conclusión: lo que viene y lo que queremos

Cuba entra en un momento de alerta sanitaria y ciudadana: el chikungunya está entre nosotros. No como rumor, sino como desafío que exige decisión política, ciencia efectiva y participación popular.

¿Será capaz el sistema de salud cubano de romper el silencio, mejorar la logística y garantizar una respuesta digna?. ¿Puede la diáspora hacer algo más que observar y opinar?. ¿Cómo convertir la denuncia en acción?.

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Te invito a dejar tu voz en los comentarios de AKubaa y en nuestras redes: ¿qué experiencias tienes con arbovirosis en Cuba? .¿Qué soluciones has visto en ciudades como Miami, Tampa, México, España que puedan adaptarse a la Isla?. Abramos este debate juntos y construyamos caminos reales de conciencia y acción.

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Author: AKubaa

por AKubaa

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