Voy a ser directa: sabías que en este preciso momento hay un proyecto en el Senado de Estados Unidos que, si avanzara tal cual está escrito, podría obligar a millones de personas a escoger entre su pasaporte azul y la tierra donde nacieron… o donde nacieron sus padres. No es un titular alarmista: es la lógica brutal de la Ley de Ciudadanía Exclusiva de 2025, presentada por el senador republicano Bernie Moreno, de Ohio.
Y sí, antes de que te lo preguntes: este señor también fue inmigrante, llegó de niño desde Bogotá y se naturalizó a los 18. Ahora, desde ese mismo privilegio, propone que la doble ciudadanía en Estados Unidos deje de existir y que la lealtad sea “todo o nada”.
Mientras te lo cuento, no dejo de imaginar a tantos cubanos y latinos que han hecho fila, han pagado abogados, han estudiado para el examen cívico, han llorado al tomar el juramento… y que hoy miran esta noticia con un nudo en la garganta. Porque cuando descubriste que podías tener tu pasaporte americano sin soltar del todo la raíz —Cuba, México, Colombia, Venezuela, República Dominicana— sentiste que al fin el mundo hacía un poquito de justicia. Ahora te dicen que esa puerta podría cerrarse.
Este artículo no es para asustarte: es para que entiendas qué está pasando, qué dice realmente este proyecto, qué tan probable es que llegue a convertirse en ley y, sobre todo, cómo podría impactar a los cubanos y a cada comunidad latina. Lo voy a hacer con calma, con calle y con claridad, como se habla en AKubaa: sin humo, sin tecnicismos innecesarios, pero sin endulzar la píldora.
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Qué propone exactamente la Ley de Ciudadanía Exclusiva de 2025
El senador Bernie Moreno presentó el proyecto llamado “Exclusive Citizenship Act of 2025”. La idea central es simple y radical: nadie podría ser ciudadano de Estados Unidos y al mismo tiempo tener cualquier otra ciudadanía extranjera. El texto establece, en esencia, dos cosas claves:
- “Los ciudadanos de los Estados Unidos deberán tener una lealtad única y exclusiva a los Estados Unidos.”
- “Un individuo no podrá ser ciudadano o nacional de los Estados Unidos mientras posea, al mismo tiempo, cualquier ciudadanía extranjera.”
La consecuencia práctica es demoledora:
- Si ya eres ciudadano estadounidense con doble ciudadanía, tendrías un año desde la promulgación de la ley para elegir qué ciudadanía conservar.
- La elección no sería simbólica: tendrías que renunciar formalmente a una de las dos.
- Si renuncias a la extranjera, lo harías ante el Departamento de Estado de EE.UU.
- Si renuncias a la estadounidense, lo harías ante el Departamento de Seguridad Nacional, y esa renuncia se trataría como una renuncia voluntaria según el artículo 349(a) de la Ley de Inmigración y Nacionalidad (la misma base legal que hoy se usa cuando alguien pierde la ciudadanía por actos voluntarios como adquirir otra ciudadanía “en ciertas condiciones”).
Y aquí viene la parte más dura:
Si no completas el trámite en ese año, serías tratado como si hubieras renunciado voluntariamente a la ciudadanía estadounidense. No a la otra. A esta.
El proyecto también obliga al Departamento de Estado, al Departamento de Seguridad Nacional y al Fiscal Generala crear mecanismos para verificar renuncias, actualizar bases de datos y tratar a quienes pierdan la ciudadanía como extranjeros a efectos migratorios.
Traducción a lenguaje AKubaa: si esta ley avanzara, un error, una demora o una mala asesoría podrían costarte el pasaporte que hoy sientes como salvavidas.

Ya no hay tiempo para leer por eso ,«AKubaa sin filtro (podcast)» es para ti escucha ahora todas tus noticias mientras continúas haciendo todo.
Cómo funciona hoy la doble ciudadanía en Estados Unidos (antes del drama)
Para entender la magnitud del cambio, hay que empezar por lo obvio: hoy, Estados Unidos sí permite la doble ciudadanía. El propio Departamento de Estado reconoce que los estadounidenses pueden tener otra nacionalidad por nacimiento, por descendencia o por naturalización en otro país, y que la ley estadounidense no exige renunciar automáticamente a la ciudadanía de origen al naturalizarse, ni te quita el pasaporte azul si luego adquieres otra ciudadanía, siempre que cumplas con las leyes de ambos países. De hecho:
- Puedes ser ciudadano estadounidense y cubano, si las leyes cubanas te reconocen por tus padres o por nacimiento en la isla.
- Puedes ser estadounidense y español, si entraste por la Ley de Nietos o por otras vías.
- Puedes ser estadounidense y mexicano, colombiano, argentino, etc., siempre que ese segundo país también lo permita.
Aquí aparece la primera ironía: cuando te naturalizas en Estados Unidos, el Juramento de Lealtad te hace decir que renuncias “absoluta y completamente” a toda fidelidad a otro país. Pero la realidad legal es que, salvo que el otro país te quite la ciudadanía, Estados Unidos tolera la doble nacionalidad y no te persigue por ello.
Cuando aprendiste que eso era así, probablemente sentiste un alivio: podías votar aquí, trabajar aquí, planear tu futuro aquí… sin dejar de ser también de allá, de donde vienes tú o tu familia. La propuesta de Moreno entra precisamente a dinamitar ese equilibrio tácito.

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Qué cambiaría si este proyecto llegara a convertirse en ley
Si mañana este proyecto superara todos los filtros (Senado, Cámara de Representantes, firma presidencial y después los tribunales), el mapa se movería así:
| Si eres… | Qué podría pasar si la ley se aprueba | Qué tendrías que hacer (escenario hipotético) |
|---|---|---|
| Cubano/a con doble ciudadanía (Cuba–EE.UU.) | No podrías seguir siendo ciudadano de ambos países; tendrías que elegir. | Renunciar oficialmente a la ciudadanía cubana ante autoridades competentes o renunciar a la estadounidense ante Seguridad Nacional. |
| Latino/a de cualquier otro país con doble ciudadanía (México, Colombia, Venezuela, etc.) | Igual: no podrías conservar las dos. | El mismo dilema: una renuncia formal en un sentido u otro. |
| Hijo/a de padres inmigrantes, nacido en EE.UU., con ciudadanía del país de origen de tus padres | El proyecto también te alcanza: dos pasaportes ya no serían opción. | Decidir qué ciudadanía te define legalmente y renunciar a la otra. |
| Famosos y élites con doble ciudadanía (incluyendo figuras cercanas a Trump) | También quedarían atrapados: incluso se ha señalado que este proyecto podría afectar a Melania y Barron Trump, con ciudadanía eslovena además de la estadounidense. | Lo mismo: elegir y renunciar a una. |
Todo esto, repito, es un escenario hipotético, porque el proyecto apenas está empezando su recorrido. Pero el texto está escrito así: no hace excepciones para cubanos, ni para europeos, ni para ricos, ni para nadie. Y aquí aparece la otra capa de tensión: este proyecto no nace aislado. Encaja en un clima político donde:
- Ya se han intentado limitar o redefinir la ciudadanía por nacimiento (jus soli), y un juez federal frenó un intento de terminar con ella por orden ejecutiva.
- El Departamento de Justicia bajo la administración Trump ha priorizado la denaturalización de ciertos ciudadanos por temas de fraude o delitos, creando una sensación de “ciudadanía condicional” para millones de naturalizados.
- Existe una Orden Ejecutiva 14160 sobre “proteger el significado y el valor de la ciudadanía estadounidense”, que sirve de marco político a este tipo de propuestas más duras.
Cuando lo miras así, lo que parece “solo un proyecto más” se convierte en otra pieza de una estrategia mayor: redefinir quién merece ser americano y bajo qué condiciones.

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Cómo se sentiría esto desde Hialeah, desde La Habana, desde cualquier sala latina
Ahora quiero ponerme el sombrero completo de AKubaa, esa mezcla de Miami, Cuba, barrio, calle y pixel. Imagínate que eres un cubano en Hialeah que lleva 10 años en Estados Unidos. Te hiciste ciudadano, ayudas a tu familia en la isla, quizás estás tramitando la ciudadanía española por tus abuelos para abrir otra puerta a Europa. Hasta ayer, todo eso era parte de tu estrategia de supervivencia. Hoy lees sobre el Exclusive Citizenship Act of 2025 y sientes que te están diciendo:
“Elige: o eres de aquí o eres de allá, pero no de los dos.”
Para muchos cubanos en Estados Unidos, la doble ciudadanía no es un capricho: es una forma de mantener derechos básicos en la isla (propiedad, entrada sin trabas, herencias), o en el país europeo al que acceden por sangre. Quitar eso, o forzarlos a elegir, sería mucho más que un trámite: sería partir en dos una identidad ya de por sí fracturada por el exilio.
Y no solo hablo de Cuba. Para mexicanos, colombianos, venezolanos, argentinos, dominicanos, la doble nacionalidad representa:
- Poder moverse entre mercados laborales sin romper del todo con el país de origen.
- Proteger bienes, negocios o herencias en su tierra.
- Dar a sus hijos la opción de estudiar o trabajar en otro país sin empezar desde cero.
Cuando aprendiste que la ley estadounidense permitía esto, quizás fue el empujón final para aplicar a la naturalización. Ahora un político te dice que esa “generosidad” fue un error y que es hora de corregirlo.
Desde la visión de AKubaa, esto tiene un nombre: borrarte capas de identidad hasta dejarte en blanco y azul nada más. Para muchos, no es posible. Para otros, sería una decisión traumática: ¿renuncias al pasaporte de tus padres… o al único país donde hoy tienes estabilidad económica?.
Qué tan real es el peligro: política, tribunales y choque con la Constitución
Aquí es donde respiro hondo y salgo un momento del drama para mirar el tablero político con frialdad tecnológica, de columnista que se sabe el truco:
- Este proyecto está comenzando.
Fue introducido hace horas/días, no ha pasado comités, no ha sido votado en el pleno del Senado, mucho menos en la Cámara, y ni hablar de la firma presidencial. - No está claro que haya apoyo suficiente.
Incluso dentro del propio Partido Republicano, medidas tan radicales como ésta pueden generar resistencia, sobre todo cuando los medios ya están señalando que la ley alcanzaría a figuras cercanas a Trump, como su esposa e hijo menor debido a su doble ciudadanía estadounidense-eslovena. - El choque constitucional sería brutal.
- La tradición reciente de la Corte Suprema ha reconocido que la ciudadanía, una vez adquirida legalmente, no puede ser retirada de forma ligera.
- Medidas previas para tocar la ciudadanía por nacimiento ya han sido frenadas por los tribunales por ser incompatibles con la Enmienda 14.
- Derivar una renuncia automática de un no-acto (no llenar un formulario a tiempo) podría ser visto como una violación del debido proceso.
- Habrá litigios, y muchos.
Organizaciones de derechos civiles, abogados de inmigración, estados con altas poblaciones inmigrantes… nadie se va a quedar de brazos cruzados.
Entonces, ¿es esto un apocalipsis garantizado?. No. Pero es una señal muy clara de hacia dónde algunos sectores quieren empujar la conversación: un país sin dobles lealtades, sin dobles pasaportes, sin matices.

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Opinión de la gente: lo que ya se oye en la calle y en las redes
Yo no necesito una encuesta para sentir el rumor. Basta abrir cualquier timeline latino hoy para ver tres tipos de reacciones (las resumo desde mi mirada AKubaa):
- Los que están en shock:
“Me maté por este pasaporte para ahora tener que escoger entre mi país y mi estabilidad.” - Los que dicen ‘yo lo veía venir’:
Gente que ya sospechaba que, con el clima político actual, iban a empezar a apretar más el significado de ser ciudadano. Para ellos, esto es solo el siguiente capítulo después de los intentos de limitar la ciudadanía por nacimiento y de la ola de denaturalizaciones. - Los que aplauden la idea:
Sí, también existen. Argumentan que la doble ciudadanía crea conflictos de interés, que no puedes votar aquí y tener “un pie allá”, que la lealtad se mide por exclusividad. Esa es la narrativa que el propio Moreno ha usado: “ser estadounidense es un honor y un privilegio; si quieres ser americano, es todo o nada”.
Yo, desde AKubaa, lo leo diferente: veo a un país que se hizo grande precisamente porque permitió identidades mezcladas, familias partidas y vueltas a armar, idiomas cruzados en la mesa. Y ahora hay quienes quieren simplificar todo eso en un checkbox de “sí o no”, como si la vida fuera un formulario de USCIS.

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La visión de AKubaa: más que un pasaporte, es una conversación sobre pertenencia
Si algo tengo claro como creadora, migrante y obsesa de cómo la tecnología cruza con la política, es esto:
los pasaportes son documentos, pero la pertenencia es otra cosa.
La doble ciudadanía en Estados Unidos se ha convertido en una especie de puente entre mundos:
- Es el cubano que vive en Miami pero todavía hereda la casa de los abuelos en La Habana.
- Es la mexicana que vota en elecciones aquí y allá porque sabe que la vida de su familia depende de decisiones en ambos países.
- Es el colombiano que se naturalizó en Estados Unidos pero mantiene su cédula activa porque su mamá aún vive en Bogotá.
Este proyecto de ley, si avanzara, mandaría un mensaje muy claro:
“Te queremos solo si cortas el cordón umbilical con todo lo demás.”
Desde la visión de AKubaa, eso es peligroso por tres razones:
- Desconoce la realidad del migrante moderno.
En un mundo donde trabajas remoto, mandas remesas, tienes negocios online y familia en tres husos horarios, pretender que tu lealtad se mide por el número de pasaportes es una simplificación absurda. - Crea ciudadanos de segunda dentro de la misma ciudadanía.
Aunque la ley se aplicaría “por igual”, todos sabemos a quién va a golpear más: a los que no tienen ejércitos de abogados, a los que no siguen las noticias al minuto, a los que están demasiado ocupados trabajando dos turnos como para entender qué formulario hay que llenar antes de tal fecha. - Convierte la identidad en un arma política.
Y cuando eso pasa, siempre pagamos más caro los mismos: migrantes, latinos, negros, pobres, exiliados.
Qué puedes hacer tú ahora (sin pánico, pero sin dormirte)
No te voy a decir “tranquilo, no va a pasar nada”, porque nadie lo sabe. Tampoco voy a decirte que empieces a venderlo todo y que renuncies ya a una ciudadanía: eso sería irresponsable. Lo que sí puedo hacer es dejarte esta brújula básica, pensada para cubanos y latinos que miran este proyecto con miedo:
- Infórmate en fuentes oficiales y medios serios.
Revisa comunicados del Senado, del Departamento de Estado, de USCIS, y medios que explican el contexto legal más allá del titular. - No tomes decisiones impulsivas.
Renunciar a una ciudadanía —cualquiera de las dos— tiene consecuencias profundas en temas de herencias, propiedades, viajes y hasta seguridad futura. - Si ya tienes doble ciudadanía y estás preocupado, habla con un abogado de inmigración.
Que sea alguien que entienda no solo la ley estadounidense, sino también la del otro país cuya ciudadanía tienes. - Mantente atento a cómo evoluciona el proyecto.
Esto no cambia de un día para otro: necesita comités, votaciones, posible veto, posibles demandas. Lo importante es no enterarte tarde.
Y aquí entra lo que te digo sin filtro:
Si este tema te toca, tú deberías suscribirte a mis redes y a esta página para no perderte ningún detalle de lo que viene con la doble ciudadanía en Estados Unidos, sobre todo si eres cubano o latino y sientes que vives con una maleta medio hecha. En AKubaa voy a seguir desmenuzando cada movimiento, cada enmienda y cada cambio de lenguaje que pueda afectarte a ti o a los tuyos.
Cierro con una pregunta (y una invitación)
Te voy a dejar con esto, para que lo mastiques despacio: Cuando descubriste que podías ser de dos mundos a la vez —el de tu pasaporte azul y el de tu acento, tu sazón, tu historia—, ¿no sentiste que, por primera vez, el sistema te daba algo que no te quitaba otra cosa?.
Ahora que un proyecto como la Ley de Ciudadanía Exclusiva de 2025 quiere ponerte contra la pared y obligarte a elegir bandera, dime tú:
Si mañana tuvieras que escoger, ¿a qué renunciarías… y qué parte de ti se quedaría en el camino?.

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