Hay frases que no solo suenan… pesan. Y esta, dicha por Miguel Díaz-Canel frente a influencers de izquierda, no es una más: es casi una confesión.


Colorear no es un juego: es desarrollo físico, social y emocional. Cuando un niño colorea, pasa algo que ninguna pantalla puede replicar: Impacto social: invita al diálogo, al compartir, al “mira lo que hice”, al momento en familia. Desarrollo físico: mejora la motricidad fina, la coordinación mano-ojo y fortalece los músculos de los dedos. Beneficio psicológico: reduce ansiedad, mejora la concentración y estimula la creatividad infantil.


Díaz-Canel y la narrativa del sacrificio colectivo

“Vamos a comer lo que seamos capaces de producir”… lo escuché y no pude evitar sentir que esa línea no es nueva. Es el mismo libreto reciclado desde los tiempos de Fidel Castro, solo que ahora suena más vacío, más cansado, más desconectado de la calle. Porque una cosa es discurso… y otra muy distinta es la realidad. Hoy en Cuba, producir no es solo difícil: es casi imposible para el ciudadano común. Sin combustible, sin insumos, sin electricidad estable… ¿qué exactamente se supone que el cubano produzca?.



La palabra clave: crisis (y no es nueva)

La crisis en Cuba no es un evento puntual. Es un estado permanente. Apagones de más de 10 y 12 horas, mercados vacíos, precios imposibles. Mientras tanto, desde Miami, Hialeah o Tampa, uno escucha a la gente decir: “Eso suena bonito, pero allá no hay ni con qué empezar”. Y tienen razón. Porque hablar de autoabastecimiento en un país donde falta lo básico es como pedirle a alguien que cocine… sin cocina.


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La “unidad” que no se ve en la calle

Díaz-Canel también habló de unidad. Pero la unidad no se decreta, se construye. Y hoy lo que se ve en barrios de La Habana, Santiago o Ciego de Ávila es otra cosa: frustración, cansancio… y cada vez más gente perdiendo el miedo. Los gritos en la noche no son propaganda. Son reales. Son la gente diciendo: “No hay corriente, no hay comida… ¿hasta cuándo?”


Cuba y la sombra de una novela demasiado real

Mientras escuchaba ese discurso, no pude evitar pensar en Gabriel García Márquez y su obra El coronel no tiene quien le escriba. Ese coronel esperando algo que nunca llega… esa sensación de sobrevivir con lo mínimo… esa dignidad mezclada con desesperación. La diferencia es que en Cuba no es ficción. Es cotidiano. Y cuando el personaje pregunta “¿qué comemos?”, la respuesta no debería ser una metáfora… pero tristemente lo parece cada vez más.


La visión AKubaa: cuando el discurso ya no alcanza

Desde AKubaa lo digo claro: el problema no es solo lo que se dice… es lo que no cambia. Porque si después de décadas la solución sigue siendo “resistir” y “producir más”, entonces no estamos avanzando… estamos repitiendo. Y el pueblo, ese que vive entre apagones y colas, ya no está para consignas. Está para soluciones.


¿Hasta dónde llega la paciencia?

Entre La Habana y Miami hay un puente invisible hecho de historias, llamadas, remesas y preocupaciones. Y en ese puente, hoy, la conversación es la misma: “¿De verdad esto tiene arreglo… o seguimos esperando como el coronel?”.

Te leo en los comentarios. ¿Tú crees que este discurso conecta con la realidad del cubano de a pie… o ya nadie se lo cree?.  


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Author: AKubaa

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