Hay deudas que no envejecen. Solo se pudren. Y cuando La Habana vuelve a hablar de una posible compensación global a ciudadanos y empresas de Estados Unidos, yo no puedo evitar pensar en una verdad incómoda: detrás de esa palabra elegante, “compensación”, hay una historia brutal de propiedades confiscadas en Cuba, familias partidas y fortunas borradas a golpe de decreto.

Colorear no es un juego: es desarrollo físico, social y emocional. Cuando un niño colorea, pasa algo que ninguna pantalla puede replicar: Impacto social: invita al diálogo, al compartir, al “mira lo que hice”, al momento en familia. Desarrollo físico: mejora la motricidad fina, la coordinación mano-ojo y fortalece los músculos de los dedos. Beneficio psicológico: reduce ansiedad, mejora la concentración y estimula la creatividad infantil.
Propiedades confiscadas en Cuba: la deuda que nunca desapareció
Todo empezó con una maquinaria legal presentada como justicia revolucionaria. La Ley de Reforma Agraria de 1959 abrió la puerta; la Ley 851 permitió la nacionalización forzosa de bienes estadounidenses; y luego las leyes 890 y 891extendieron el control estatal a buena parte de la economía cubana. Más tarde, en 1968, la llamada Ofensiva Revolucionaria terminó de barrer lo poco que quedaba del sector privado.
El resultado no fue una simple reestructuración económica. Fue una toma total. La Foreign Claims Settlement Commission certificó 5.911 reclamaciones por un valor principal de 1.851 millones de dólares, una cifra que con intereses acumulados ronda hoy los 9.000 millones.
Las propiedades confiscadas en Cuba más emblemáticas
Entre las más simbólicas están activos que todavía hoy pesan en la memoria y en los litigios: el puerto de La Habana, el puerto de Santiago de Cuba y el antiguo aeropuerto de Rancho Boyeros, hoy Aeropuerto Internacional José Martí. No eran negocios pequeños ni caprichos de millonarios: eran piezas clave del país, infraestructura real, riqueza tangible.
Y luego está el caso que todo cubano reconoce aunque no sepa todos los detalles: Bacardí. La empresa sostiene que todos sus activos y operaciones en Cuba fueron confiscados sin compensación en octubre de 1960, obligándola a rehacerse fuera de su tierra.



Del azúcar al alquiler: cuando la confiscación entró en la casa
No solo cayeron puertos, aeropuertos o destilerías. También cayó la vida cotidiana. El “rey del azúcar”, Julio Lobo, perdió ingenios y tierras; grandes haciendas fueron absorbidas; y con la Reforma Urbana miles de propietarios dejaron de controlar viviendas, edificios y alquileres. Después, en 1968, el golpe final: barberías, cafeterías, bodeguitas, talleres. El pequeño negocio cubano quedó arrasado.
Por eso en Miami, Hialeah, Tampa, Madrid o Ciudad de México todavía se escucha la misma frase con distinta voz: “A mi abuelo le quitaron todo”. Y no siempre hablaban de mansiones. A veces era una casita de renta. Un local. Una tiendecita familiar.

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La visión de AKubaa sobre las propiedades confiscadas en Cuba
Desde AKubaa lo digo claro: este tema no es solo legal, es moral. Porque cuando un Estado confisca sin reparar, no solo roba bienes; también roba continuidad, futuro y dignidad. Y Cuba todavía carga ese pecado original mientras generaciones enteras, dentro y fuera de la Isla, siguen pagando la cuenta.
El pueblo lo resume mejor que cualquier informe: “Aquí lo quitaron todo y después te pidieron que aplaudieras”.
La pregunta es inevitable: si algún día llega una compensación real, ¿alcanzará para saldar el dinero… y también la memoria? .Súmate al debate en AKubaa y conversemos en la web y en nuestras redes.
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