Hay anuncios que, cuando uno los escucha desde Miami, Hialeah o incluso desde un balcón en Centro Habana, suenan más a ilusión que a solución. Esta semana, el gobierno cubano volvió a apostar por uno de esos titulares que parecen modernos, pero que al aterrizarlos en la realidad del país… hacen corto circuito. El ministro de Transporte prometió instalar estaciones de carga para vehículos eléctricos en la Autopista Nacional, alimentadas con paneles solares. Y sí, sobre el papel suena bonito: energía limpiaautos eléctricos en Cuba, menos dependencia del combustible. Pero cuando uno mira el contexto real… la historia cambia.


Colorear no es un juego: es desarrollo físico, social y emocional. Cuando un niño colorea, pasa algo que ninguna pantalla puede replicar: Impacto social: invita al diálogo, al compartir, al “mira lo que hice”, al momento en familia. Desarrollo físico: mejora la motricidad fina, la coordinación mano-ojo y fortalece los músculos de los dedos. Beneficio psicológico: reduce ansiedad, mejora la concentración y estimula la creatividad infantil.


Una solución “verde” en un país apagado

La propuesta llega en medio de una crisis energética en Cuba que no da tregua. Apagones diarios, falta de combustible, transporte público colapsado. En ese escenario, hablar de carros eléctricos suena casi como hablar de ciencia ficción. Porque la pregunta es simple: 👉 ¿Cómo vas a cargar un carro eléctrico en un país donde no hay corriente ni para cocinar?. El plan incluye incentivos: importación de autos eléctricos sin impuestos, siempre que traigan su propia estación de carga con paneles solares. Una medida que, en teoría, busca independencia de la red eléctrica. Pero en la práctica… ¿quién puede pagar eso?. Un cubano de a pie en Santiago o en La Habana Vieja no está pensando en comprarse un Tesla. Está pensando en cómo resolver el pollo, el pan o el transporte para ir al trabajo.



El problema no es el carro… es el sistema

Aquí es donde entra la visión de AKubaa: el problema no es apostar por tecnología moderna. El problema es hacerlo sin resolver lo básico.

  • No hay infraestructura estable
  • No hay compatibilidad entre cargadores
  • No hay garantía de energía (ni solar en días nublados o de noche)
  • No hay poder adquisitivo real

Y mientras tanto, la gente sigue diciendo en la calle:

“¿Carros eléctricos? Mi hermano, si no hay ni guagua…”

Esa frase resume más que cualquier informe técnico.


Desde la diáspora se ve diferente… pero duele igual

Desde lugares como Tampa, Madrid o Ciudad de México, muchos cubanos ven esto con mezcla de esperanza y frustración. Porque sí, el mundo va hacia lo eléctrico… pero Cuba ni siquiera ha resuelto lo básico. Es como querer correr una maratón sin haber aprendido a caminar.



¿Innovación o distracción?

El gobierno presenta estas medidas como avance, pero para muchos suenan a estrategia para desviar la atención de una realidad mucho más dura: un sistema de transporte en ruinas y una economía en colapso. La idea de las estaciones solares en la Autopista Nacional podría funcionar… en otro país, con otra infraestructura, con otra economía. En Cuba, hoy, parece más un titular que una solución.


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Al final, la pregunta sigue en el aire…

Yo no estoy en contra del progreso. Todo lo contrario. Pero el progreso no puede construirse sobre apagones, escasez y promesas. Porque el cubano no necesita discursos eléctricos… necesita soluciones reales. Y tú, que estás leyendo esto desde Cuba o desde la diáspora… ¿crees que los autos eléctricos son el futuro del país o solo otra ilusión en medio de la oscuridad?.

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