Escribo esto con el ventilador apagado, calculando mentalmente cuántas horas más durará la corriente. No es un recurso literario: es la vida real en Cuba hoy. Por eso, cuando escuché a Miguel Díaz-Canel anunciar un plan de contingencia ante un desabastecimiento agudo de combustible, supe que no estaba frente a una noticia más, sino ante otro capítulo de una historia que se repite con distintos nombres y la misma consecuencia: oscuridad, parálisis y desgaste social.

Durante su comparecencia —transmitida por los medios oficiales— el presidente admitió algo clave: Cuba lleva cuatro semanas sin generar electricidad mediante la generación distribuida, uno de los pilares del sistema eléctrico nacional en los últimos años. La potencia está instalada, dijo. Técnicamente lista. Recuperada en 2025. El problema, reconoció, no es tecnológico, es la falta de combustible. Y ahí se detuvo. Sin plazos, sin cifras y sin un mapa real del desastre.

¿Tienes un negocio? . Publicalo aquí ,solo te tarda un minuto y conecta con personas que buscan lo que tú ofreces.Clic y descubre todas las ventajas que puede obtener tú ahora mismo. Es hora de llevarte al lugar que merece sin luchar con el algoritmo. 

Cuando la verdad llega a medias

La frase quedó flotando como un apagón anunciado: “El problema no es tecnológico, es el desabastecimiento de combustible”. Pero ¿cómo se explica que un país que apostó durante años por la generación distribuida —precisamente para sortear crisis— hoy tenga motores listos y tanques vacíos? .La respuesta oficial volvió a apuntar hacia afuera: el llamado “bloqueo energético”, con menciones directas a nuevas medidas de la administración de Donald Trump, sin explicar cómo esas decisiones se traducen de manera inmediata en la paralización total de esa generación.

En paralelo, se introdujo otro argumento: desde diciembre, aseguró el mandatario, un bloqueo naval a Venezuela impide la llegada de combustible. “No hemos recibido combustible en este período”, afirmó. Sin detalles, ni documentos. Sin fechas. Venezuela aparece, otra vez, como el único comodín energético, y la pregunta incómoda vuelve a la mesa: ¿qué pasa cuando ese comodín ya no está?.

La crisis como “oportunidad”: una narrativa gastada

Díaz-Canel insistió en presentar el colapso como una “oportunidad” para acelerar un cambio estructural del modelo energético. Habló de energías renovables, de solar, eólica, hidráulica, de biogás, biomasa y del uso del crudo nacional. El discurso suena bien. El problema es que no vino acompañado de inversiones concretas, cronogramas, ni capacidades reales de sustitución a corto plazo. En la calle, la gente traduce eso en frases simples: “Oportunidad pa’ quién”“con discursos no se cocina”“el sol no prende el refrigerador”. Y no es cinismo: es experiencia acumulada.

Proyecciones oficiales bajo la lupa de AKubaa para el plan de contingencia.

Aquí es donde la visión crítica de AKubaa se vuelve imprescindible, porque el Consejo de Ministros presentó una batería de proyecciones que, leídas sin contexto, parecen una hoja de ruta; leídas desde la realidad, rozan lo ilusorio.

Ahorro y responsabilidad energética

Se insiste en el ahorro, incluso en circuitos protegidos. Traducido: más carga sobre el ciudadano. La misma persona que cocina con carbón, que duerme sin aire, que ajusta su vida a los apagones, ahora debe “ahorrar más”. En Miami o Hialeah, muchos cubanos escuchan esto y comentan: “Eso allá es sobrevivir, no ahorrar”.

Incremento de capacidades de almacenamiento

Más almacenamiento para optimizar recursos. ¿Cuáles recursos, si el problema declarado es que no hay combustible?. Sin suministro estable, el tanque —por grande que sea— es solo un envase vacío.

Producción de “petróleo equivalente”

Se proyecta aumentar la producción del crudo nacional, rebautizado como “petróleo equivalente”. El cambio semántico no altera la realidad técnica: es un crudo pesado, costoso de refinar y limitado en su uso inmediato para generación eléctrica eficiente.

Expansión del gas manufacturado en La Habana

Veinte mil nuevos consumidores en la capital. En teoría, alivio. En la práctica, otra brecha territorial: mientras La Habana suma, el resto del país sigue resolviendo con leña, alcohol o inventiva pura.

Motores, ciencia y promesas recicladas

Se anunció la adquisición de motores capaces de usar crudo cubano y se asignó a los científicos la tarea de “desempolvar investigaciones” para mejorar la refinación. La ciencia cubana merece respeto, pero cargarla con la responsabilidad de suplir decisiones estructurales fallidas es injusto y poco honesto.

Renovables y biogás: lo mínimo en medio del máximo discurso

Fogones solares, secadores de alimentos, plantas de biogás para cocinar y alumbrar. Medidas útiles, sí, pero insuficientesfrente a una crisis nacional. Son soluciones domésticas para un problema de escala país.

Cooperación internacional… sin nombres

“Cuba no está sola”, aseguró Díaz-Canel, aunque evitó comprometerse sobre apoyos concretos. No se imponen condiciones, dijo, pero los detalles no pueden hacerse públicos porque “el enemigo persigue todas las luces”. En España, México o Tampa, la diáspora escucha esto con una mezcla de esperanza y cansancio: demasiadas luces prometidas que nunca encendieron nada.

El enemigo interno y la resistencia creativa

El presidente dedicó tiempo a atacar a sectores críticos, a los que llamó “enjambre anexionista”, acusándolos de cobardía y de participar en una guerra psicológica. Mientras tanto, en los barrios se escucha otra guerra: la del silencio cuando se va la corriente, la del refrigerador apagado, la del salario que no alcanza.

Díaz-Canel rechazó hablar de colapso y volvió a la “resistencia creativa”. Dijo no ser idealista, que vienen tiempos difíciles, pero que Cuba ya ha pasado por esto. Y ahí está el problema: pasar por lo mismo una y otra vez no es resistencia, es estancamiento.

Conclusión: lo que no se dice también apaga

Desde AKubaa, lo decimos claro: el desabastecimiento de combustible en Cuba no es solo una crisis energética, es una crisis de credibilidad, planificación y transparencia. Las proyecciones oficiales suenan más a consuelo que a solución. Y mientras el discurso se llena de oportunidades futuras, la gente vive apagones presentes.La diáspora lo ve con dolor. El que está dentro lo sufre con el cuerpo. Y el país sigue atrapado entre promesas largas y noches oscuras.

Ahora la pregunta queda abierta —y es para ti que lees, dentro o fuera de la Isla: ¿Hasta cuándo Cuba seguirá llamando “oportunidad” a lo que claramente es una emergencia estructural?. Te leo en los comentarios. Súmate al debate en AKubaa, en la web y en nuestras redes. Aquí la conversación no se apaga

Más en AKubaa

AKubaa
Author: AKubaa

por AKubaa

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *