Hay días en los que uno siente que la nostalgia tiene su propio disfraz.Cada 31 de octubre, mientras medio mundo se llena de calabazas talladas, luces naranjas y risas de niños disfrazados, en Cuba la noche pasa como cualquier otra. No hay trick or treat, ni telarañas falsas colgando en las puertas, ni vecinos compitiendo por quién tiene el mejor disfraz. Solo una brisa cálida y la rutina que parece no cambiar nunca. Y ahí es donde me entra la pregunta: ¿por qué Halloween nunca se celebró en Cuba como en otros países?.

De Samhain a la calle Ocho

Para entenderlo, hay que mirar un poco hacia atrás. Halloween nació en Irlanda, con raíces en el antiguo festival celta Samhain, donde se creía que los espíritus regresaban a la Tierra al final de la cosecha. Con la llegada del cristianismo, la fiesta se mezcló con el Día de Todos los Santos, y más tarde, en Estados Unidos, se transformó en lo que hoy conocemos: una mezcla de tradición, diversión y comercio.

Pero en Cuba, la historia tomó otro rumbo. Antes de 1959, sí existían celebraciones parecidas: fiestas de máscaras, bailes de disfraces y carnavales donde la gente se vestía de personajes o animales. No se llamaba Halloween, pero el espíritu era el mismo: reírse, esconderse tras una careta y jugar a ser otro por una noche.

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Cuando llegó la Revolución… se apagaron las luces de muchas fiestas

Con la llegada de la Revolución cubana, el Estado impuso una nueva moral social: todo lo que sonara a costumbre “burguesa” o “imperialista” fue eliminado del calendario. Halloween, al igual que Navidad, Reyes Magos y San Valentín, se consideró una celebración extranjera, “ajena al hombre nuevo”. Los disfraces se guardaron, las tiendas dejaron de vender decoraciones, y los niños crecieron sin saber qué era pedir caramelos de puerta en puerta.

Recuerdo a mi abuela contarme que en los 50, en su barrio de Marianao, los jóvenes hacían fiestas de máscaras en los portales, con música de Benny Moré y guarachas hasta la madrugada. “Después de eso, todo cambió”, decía. “Las máscaras se quedaron en el baúl y la alegría se hizo más bajita”.Y es que la revolución no solo transformó la política, también reescribió la cultura y el alma festiva del cubano.
Mientras en Estados Unidos, Halloween se volvía un fenómeno cultural y económico, en Cuba el miedo real era hablar demasiado, no los fantasmas.

Cuando el Halloween llegó por el cable… y por Miami

Todo comenzó a cambiar con el Período Especial en los 90. Con el auge del turismo y los primeros hoteles gestionados con empresas extranjeras, los cubanos empezaron a ver Halloween por televisión. En los barrios de Miramar o Vedado, donde vivían diplomáticos y extranjeros, se veían fiestas privadas con niños disfrazados de brujas y vampiros. Los vecinos miraban desde la reja, curiosos, sin saber muy bien qué pensar.

Y con los años 2000, el cambio fue más visible. Gracias al internet, los canales de cable y los viajes de ida y vuelta desde Miami, Hialeah y Tampala diáspora cubana comenzó a exportar sus costumbres.
De pronto, en algunas escuelas privadas o en casas particulares, los niños cubanos también querían disfrazarse. Un pedazo de cartón se convertía en máscara, una sábana vieja en capa, y una vela en calabaza improvisada. El pueblo, siempre creativo, se las ingenió para celebrar, aunque fuera a escondidas o sin dulces importados.

Una madre en La Lisa me dijo una vez:

“Mi hija no entiende por qué allá los niños se disfrazan y aquí no. Así que yo le hice su disfraz con retazos, y salimos al pasillo del solar con una vela. Le dije: este es nuestro Halloween cubano, con pan con guayaba y sin miedo.”

Y eso resume mucho del espíritu cubano: la capacidad de reírnos de la carencia, de inventar alegría aunque no haya ni azúcar.

El Halloween de la diáspora: entre nostalgia y abundancia

Mientras en la Isla se improvisa, en Miami, Hialeah o Tampa el Halloween cubano es otra historia.
Aquí los niños de padres cubanos recorren los vecindarios con bolsas llenas de caramelos, las casas están decoradas con luces y telarañas, y los mayores recuerdan lo que nunca pudieron vivir allá. En cada puerta, detrás de cada sonrisa disfrazada, hay algo más profundo: la libertad de celebrar sin permiso.

En Hialeah, una señora me dijo riendo:

“Yo celebro Halloween por todas las veces que en Cuba no me dejaron ni poner un arbolito. Ahora me disfrazo de lo que me da la gana y lleno la casa de luces. Esto también es resistencia.”

Y es cierto. Para muchos cubanos en el exilio, Halloween no es solo una fiesta americana, sino una forma de reapropiarse de la alegría. Los que crecieron sin poder celebrar, hoy lo hacen a lo grande, con música cubana, calabazas, disfraces de Celia Cruz o de algún político cubano, y mesas llenas de croquetas y caramelos. Es la mezcla perfecta entre cultura cubana y libertad americana.

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Entre calabazas y fantasmas de lo que fuimos

A veces pienso que Halloween en Cuba nunca fue una fiesta de miedo, sino de silencios. De generaciones que aprendieron a esconder sus tradiciones, a callar su deseo de celebrar, a vivir con austeridad obligada.
Por eso, cada vez que un niño cubano en el exterior se disfraza y ríe, está rompiendo un ciclo de prohibiciones.

Sin embargo, poco a poco, algo cambia. En redes sociales, jóvenes dentro de Cuba organizan fiestas temáticas, se maquillan con tutoriales de TikTok y comparten fotos bajo el hashtag #HalloweenCubano.
No hay dulces ni tiendas decoradas, pero sí hay ganas. Y esas ganas, en una isla donde tantas cosas están prohibidas, ya son un acto de rebeldía.

La visión de AKubaa: entre lo que fue y lo que podría ser

Desde AKubaa creemos que las tradiciones no deben ser censuradas, sino reinterpretadas. No se trata de importar lo ajeno, sino de reconectar con lo que nos hace humanos: la celebración, la risa, el juego. El pueblo cubano tiene derecho a su alegría, incluso si llega disfrazada de bruja o fantasma.

Porque en el fondo, Halloween al estilo cubano no necesita calabazas de plástico, sino un poco de imaginación, una vela encendida y ese espíritu inventivo que nos caracteriza. Y aunque la revolución intentó apagar las luces de muchas fiestas, la nostalgia terminó encendiendo otras nuevas, desde Miami hasta el Malecón.


🎭 En definitiva, celebrar o no Halloween en Cuba es más que una cuestión cultural: es una metáfora de lo que se perdió y lo que estamos recuperando poco a poco. Los fantasmas no están en las casas embrujadas, sino en las memorias colectivas de un pueblo que aún aprende a celebrar sin miedo.

Y tú, ¿crees que algún día Halloween será una fiesta libre también en Cuba? .💬 Cuéntamelo en los comentarios y únete a la conversación en www.akubaa.com o en nuestras redes.


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Author: AKubaa

por AKubaa

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