Escribir sobre Cuba nunca ha sido un ejercicio neutro. Lo confieso: cada vez que abro el corazón y la libreta para hablar de lo que vivimos en la isla, me sacude una mezcla de rabia, nostalgia y esperanza. Porque Cuba no es solo un pedazo de tierra; es un sentimiento que viaja en maletas rotas, en remesas que se parten en dos y en llamadas de WhatsApp a media noche entre La Habana y Hialeah.

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En estos tiempos, cuando el éxodo cubano se ha convertido en una rutina dolorosa, me pregunto: ¿qué significa resistir en la isla y qué significa sobrevivir afuera?.
La resistencia dentro de la isla
En Cuba, resistir ya no es una palabra romántica ni heroica, sino la descripción de una vida cotidiana donde lo básico se convierte en lujo. Me lo decía hace poco una vecina de Santa Clara, con esa sabiduría que solo da la calle:
“Resistir aquí es inventar cómo cocinar un arroz sin corriente, es decidir si compras pan o recargas el celular para hablar con tu hija en Tampa”.
Y tiene razón. El apagón no es solo falta de electricidad: es falta de futuro, de calma, de dignidad. La cola del pollo no es solo hambre, es tiempo de vida que se esfuma. Y, aun así, en cada esquina se enciende una chispa de creatividad: alguien que improvisa un horno con carbón, una madre que vende croquetas desde su portal, un muchacho que arma un negocio de triciclos eléctricos en plena crisis.
La diáspora: sobrevivir afuera
En Miami, en Hialeah, en Tampa, en México, en Madrid, la historia es otra, pero no menos dura. El cubano que se fue no siempre vive el sueño dorado que se pinta en Instagram. Un amigo en Miami me confesaba:
“Aquí trabajas doce horas en una factoría y el cansancio no te deja ni celebrar que por fin tienes un aire acondicionado que no se va”.
La diferencia es que afuera, el sacrificio, aunque brutal, se traduce en resultados: un carro usado, un apartamento compartido, la posibilidad de enviar remesas. Allá dentro, en cambio, el sacrificio es eterno y muchas veces estéril.
Pero ojo, que en la diáspora también hay heridas. El desarraigo pesa. El que llega a Hialeah con un pasaporte vencido y dos mudas de ropa sabe lo que es llorar frente a un Publix lleno de comida, no por hambre, sino por el shock de ver lo que nunca tuvo en Cuba.

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El puente invisible entre aquí y allá
Lo que más me estremece es que, a pesar de la distancia, seguimos conectados. Cuba y su diáspora funcionan como un matrimonio roto pero inseparable. Desde la isla, se espera la recarga, el paquete, la visa; desde afuera, se espera la llamada, la foto del nieto que crece sin ti, la noticia de que todavía queda alguien vivo.
Un usuario me escribió en AKubaa:
“Hermana, yo mando dinero todos los meses a Santo Domingo , pero siento que estoy pagando un castigo eterno. Como si viviera en Cuba aunque ya me fui”.
Ese sentimiento de estar “a medias” es el que define a millones de cubanos: ni de aquí ni de allá, siempre flotando entre dos orillas.
La voz de la calle: lo que no sale en el noticiero
Camino por Centro Habana y escucho frases que son pura filosofía popular:
- “El gobierno dice que vamos bien, pero mi refrigerador dice otra cosa”.
- “Nos quitaron tanto, que hasta el miedo se fue”.
- “El cubano no emigra, el cubano se desangra de a poquito”.
Frases que valen más que cualquier discurso oficial. Porque el pueblo cubano es un cronista involuntario: en cada queja, en cada invento, en cada chiste contra el gobierno, está escrita la verdadera historia de este país.

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La visión crítica de AKubaa
Desde AKubaa lo digo sin miedo: Cuba vive atrapada entre la resistencia interna y la fuga externa, y ambas son heridas abiertas que no se cerrarán con consignas vacías ni con medidas cosméticas. La crisis no se arregla con un nuevo plan de Nauta Hogar ni con promesas de inversión extranjera que nunca llegan.
El problema es estructural, profundo, y se refleja en lo que vemos todos los días:
- El médico que se va para Monterrey porque gana más como chofer de Uber que en un hospital en La Habana.
- El joven que prefiere arriesgar la vida en la selva del Darién que en la esquina de su barrio, apagado, sin internet.
- La madre que vende hasta sus sábanas para pagarle el pasaje a su hijo en una balsa.
Y mientras tanto, los de arriba siguen hablando de “resistencia creativa” como si la creatividad no se agotara después de 65 años de invento obligado.
Ejemplos de la diáspora que no se olvida
En Hialeah, en cada esquina hay un restaurante donde el menú parece gritar “Cuba vive aquí”: croquetas, congrí, yuca con mojo. En Madrid, un grupo de jóvenes organiza conciertos de trova cubana para no perder la raíz. En México, una pequeña comunidad de cubanos en Mérida se ha vuelto famosa por vender pan con bistec como en El Vedado.
No importa dónde caiga la maleta: el cubano convierte el exilio en una extensión de la isla. Y eso es prueba de que no hemos perdido la esencia, aunque la geografía nos parta.
¿Hasta cuándo?
La pregunta que late en la garganta de todos es la misma: ¿hasta cuándo?.
Hasta cuándo las colas eternas, los apagones, los precios absurdos. Hasta cuándo la fuga de talento, la diáspora que crece y se multiplica como un árbol de raíces rotas.
Un estudiante en La Habana me lo dijo en un mensaje que nunca olvido:
“No quiero irme, pero no me dejan quedarme”.
Y ahí está el resumen de todo: no es que el cubano sueñe con abandonar su tierra, es que la tierra se lo está pidiendo a gritos.
Cierre con corazón y con calle
Hoy escribo esto no como una analista fría, sino como una cubana más que carga con las mismas contradicciones. Amo mi isla, pero también entiendo a los que la dejan atrás. Critico al gobierno, pero también sé que la solución no caerá del cielo: será del pueblo, de su creatividad, de su empuje.
Desde AKubaa, mi voz se suma a la de tantos otros que no quieren seguir callados. Porque contar la verdad, con picante, con corazón y con calle, es nuestra forma de resistir.

Vive , conoce y disfruta Cuba al estilo A&.
Y ahora te pregunto a ti, lector, oyente, cubano de aquí o de allá: ¿Crees que todavía queda esperanza dentro de la isla o ya todo se juega en la diáspora?.
Te invito a dejar tu opinión, a debatir sin miedo y a unirte a la conversación en nuestra web y en nuestras redes sociales. Porque la historia de Cuba, la verdadera, la estamos escribiendo juntos.
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