Hay reuniones diplomáticas que se anuncian con palabras pulidas, fotos cuidadas y comunicados que prometen cooperación. Y luego hay otras, como la cumbre “Escudo de las Américas”, celebrada el 7 de marzo de 2026 en Doral, Miami, que en realidad funcionan como una señal de fuerza. Yo no la leí como un simple encuentro regional. Yo la leí como un mapa político dibujado a mano alzada por Donald Trump para dejar claro quién entra en su hemisferio ideal, quién queda fuera y, sobre todo, quién será presionado hasta el límite. En esa fotografía, Cuba no apareció sentada en la mesa, pero fue uno de los temas más pesados del salón. 

Lo que ocurrió en Miami no fue un detalle menor. La Casa Blanca presentó la cita como una plataforma para promover seguridadprosperidad y cooperación contra el crimen organizado, mientras Trump la utilizó para empujar una coalición más agresiva contra los carteles y, al mismo tiempo, reforzar una estrategia regional para contener la influencia de Chinaen América Latina. Sabías que, detrás de ese lenguaje de seguridad, también se escondía una selección ideológica bastante evidente: no fue una reunión de toda la región, sino una reunión de aliados escogidos. 


Colorear no es un juego: es desarrollo físico, social y emocional. Cuando un niño colorea, pasa algo que ninguna pantalla puede replicar: Impacto social: invita al diálogo, al compartir, al “mira lo que hice”, al momento en familia. Desarrollo físico: mejora la motricidad fina, la coordinación mano-ojo y fortalece los músculos de los dedos. Beneficio psicológico: reduce ansiedad, mejora la concentración y estimula la creatividad infantil.


Los grandes asuntes …….

A la cita asistieron líderes y figuras alineadas con la derecha latinoamericana, entre ellos Javier Milei de Argentina, Nayib Bukele de El Salvador y Daniel Noboa de Ecuador, junto a otros mandatarios de Paraguay, Costa Rica, República Dominicana, Guyana, Panamá y más. Pero el verdadero titular no fue solo quién fue, sino quién no fue. Cuba, Venezuela y Nicaragua quedaron fuera, en una exclusión coherente con la postura de Washington de no invitar a gobiernos que, según su narrativa oficial, no respetan la democracia. Y a ese filtro se sumaron también México, Colombia y Brasil, algo que revela que esta cumbre no buscaba representar al continente, sino ordenar un bloque político útil a la agenda de Trump. 

Yo creo que ahí estuvo la primera gran verdad de esta cumbre: no fue “la América” sentada a dialogar consigo misma, sino una América seleccionada, una versión reducida del continente donde la afinidad política valía más que el peso geopolítico. Cuando descubriste que México y Colombia también quedaron fuera, la lectura cambia por completo. Ya no estamos hablando solo de castigar a los regímenes de La Habana, Caracas y Managua; estamos hablando de una diplomacia construida desde la afinidad ideológica, incluso si eso deja al margen a algunos de los actores más grandes de la región. 


En esta primer encuentro del Escudo de las Americas no estuvo Cuba .

Y en medio de ese tablero, Cuba fue presentada por Trump como una pieza terminal. Durante su intervención, el presidente aseguró que la isla estaba “at the end of the line”, es decir, al final del camino, y habló de un país sin dinero, sin petróleo y atrapado en una “bad regime” y una “bad philosophy”. Reuters reportó además que Trump dijo que Cuba quiere negociar con él y con Marco Rubio, y que consideraba posible un acuerdo “muy fácilmente”. Esa combinación de amenaza y negociación no es casual: presión máxima por un lado, puerta entreabierta por el otro. 

A mí eso me parece uno de los movimientos más fríos de toda esta historia. Porque no se trata solo de decir que Cuba está débil. Se trata de convertir esa debilidad en mensaje político internacional. Trump no habló de la isla como un vecino problemático solamente; habló de ella como un sistema agotado, en sus “últimos momentos”, listo para ser doblado por sanciones, aislamiento y asfixia energética. Y esa frase no cayó en el vacío: llegó justo después de semanas en que la presión sobre el suministro de combustible a Cuba se endureció de forma visible. 



El Escudo de las Americas y la crisis marcada de Cuba uno de los países ausentes .

De hecho, esa parte no se puede pasar por alto. La administración Trump ya había amenazado con imponer aranceles a países que suministraran petróleo a Cuba, una decisión que Reuters describió como una escalada directa de la campaña de presión contra la isla. En febrero y marzo, varios reportes vincularon el empeoramiento de la crisis energética cubana con la reducción de envíos desde Venezuela y el freno de otras fuentes potenciales de suministro bajo presión estadounidense. Cuando aprendiste que el apagón masivo reciente en Cuba ocurrió en medio de ese “oil chokehold”, entiendes que la cumbre de Miami no fue retórica aislada: fue la continuación política de una estrategia material que ya estaba golpeando la vida diaria de los cubanos. 



Lo que realmente buscaba Trump en Miami

Si uno rasca debajo de los aplausos, aparece el núcleo duro del encuentro. Trump llamó a formar una especie de coalición contra los carteles, comparándola con la coalición que combatió a ISIS, y alentó a los gobiernos de la región a usar herramientas más agresivas, incluso militares, contra esas organizaciones. NPR reportó que el mandatario habló abiertamente de misiles y de una respuesta mucho más dura, mientras sus aliados defendían una arquitectura hemisférica de seguridad centrada en soberanía, fronteras y combate al crimen organizado. 

Pero la cumbre no quedó reducida al narcotráfico. También fue presentada como parte de una ofensiva para reducir la influencia económica y política de China en el continente. Trump dijo que no permitiría una influencia extranjera hostil en el hemisferio, incluyendo referencias estratégicas al canal de Panamá y al rol de Beijing en América Latina. Esta no es una nota al pie: es el corazón geopolítico del encuentro. Porque en Washington, la lucha por América Latina ya no se está contando solo en términos de migración o seguridad, sino también como una disputa por inversión, puertos, infraestructura, tecnología y lealtades políticas. 

Por eso yo diría que “Escudo de las Américas” tuvo tres capas al mismo tiempo: una capa de seguridad regional, una capa de alineamiento ideológico y una capa de competencia estratégica con China. Y Cuba tocaba las tres. Para Trump, la isla es símbolo de un régimen enemigo, un foco de migración y crisis, y además un espacio donde Washington quiere impedir que otras potencias ganen terreno. Esa mezcla vuelve a Cuba más visible incluso cuando no la invitan. 


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La exclusión de Cuba no fue protocolo: fue doctrina

A veces se presenta una exclusión diplomática como si fuera mero trámite. Aquí no. Aquí la exclusión fue un mensaje calculado. Cuba, Venezuela y Nicaragua no quedaron fuera por accidente. Quedaron fuera porque el evento fue diseñado precisamente para enviar la señal de que el nuevo club hemisférico de Trump no piensa normalizar su relación con esos gobiernos bajo las reglas tradicionales. Reuters ya había informado desde enero y febrero que la Casa Blanca estaba endureciendo el cerco económico sobre Cuba, especialmente en materia de combustibles. La cumbre fue la escenificación pública de esa línea. 

Lo interesante es que Trump mezcló dureza con ambigüedad. Mientras calificaba al régimen cubano de malo y a la isla de agotada, también decía que La Habana quería negociar. Esa dualidad importa mucho. Porque no estamos viendo una política de simple aislamiento pasivo, sino una estrategia de desgaste para forzar condiciones de negociación desde una posición de superioridad. En otras palabras: primero aprieto, después te ofrezco hablar. 

Y eso, para los cubanos dentro y fuera de la isla, abre una pregunta incómoda: ¿esta presión busca acelerar una transición política real o simplemente aumentar el sufrimiento cotidiano hasta volverlo insoportable? Esa no es una pregunta teórica. Reuters reportó que el corte de petróleo ya estaba afectando transporte, servicios, turismo y generación eléctrica. Cuando la presión geopolítica aterriza en el plato vacío, en el apagón y en la guagua que no pasa, deja de ser un discurso de Miami y se convierte en una realidad doméstica brutal. 


Los grandes ausentes dicen tanto como los invitados

Hay otro ángulo que no pienso dejar fuera: la ausencia de México y Colombia. Porque una cosa es excluir a gobiernos que la administración considera autoritarios, y otra muy distinta es dejar fuera a países decisivos del tablero latinoamericano. NPR fue muy claro al subrayar que no estuvieron ni las dos mayores economías regionales, Brasil y México, ni otra economía relevante como Colombia. The Guardian también describió la lista de invitados como una “ideological guest list”, una lista ideológica. 

Eso debilita, al menos en términos de legitimidad hemisférica, la pretensión de que Miami habló por América. No habló por América. Habló por un bloque. Un bloque políticamente útil para Trump, sí, pero insuficiente para representar la complejidad de la región. Y ahí aparece una contradicción poderosa: mientras Washington quiere mostrar fuerza continental frente a China, deja fuera a países cuyo peso económico y diplomático resulta imposible ignorar. 



La opinión de los usuarios: entre la euforia, el miedo y el cansancio

Si algo define la reacción pública alrededor de este tema, es la división. Por un lado, hay usuarios, comentaristas y sectores del exilio que leen la cumbre como una señal largamente esperada: por fin, dicen, un presidente estadounidense vuelve a hablar de Cuba con dureza frontal, sin maquillaje diplomático y con voluntad de subir la presión. Por otro lado, también hay voces críticas que ven en esta estrategia un riesgo serio de profundizar el sufrimiento de la población cubana y de convertir a la isla en otra ficha de una política hemisférica más teatral que humana. Esa polarización también aparece en la cobertura internacional, donde unos analistas ven cooperación útil y otros ven una doctrina agresiva, excluyente y desestabilizadora. 

Yo noto, además, un tercer sentimiento: el cansancio. Mucha gente ya no reacciona ni con entusiasmo ni con indignación pura, sino con agotamiento. Porque cada nueva promesa de cambio sobre Cuba llega acompañada de la misma sospecha: que el costo lo pagará la gente común antes que el poder político. Y esa sospecha no nace de la nada; nace de décadas de sanciones, discursos duros y resultados mezclados. 


La visión de AKubaa sobre todo esto

Desde la visión de AKubaa, yo no veo esta cumbre como un simple evento diplomático ni como una victoria automática contra el castrismo. La veo como una operación de poder muy calculada, donde Trump intenta reordenar América Latina a su manera: con amigos visibles, adversarios aislados, discurso militarizado, presión económica y una guerra fría regional reciclada con nuevo empaque. 

Mi lectura es esta: Cuba no fue excluida porque sea irrelevante; fue excluida precisamente porque sigue siendo central como símbolo, como problema y como trofeo político. Trump quiso dejar claro en Miami que la isla está en su radar, que el combustible es una palanca real, que la narrativa del “régimen en sus últimos momentos” ya está instalada, y que cualquier eventual negociación ocurrirá bajo su libreto, no bajo el de La Habana. 

Pero también creo que hay que decir algo incómodo: una estrategia que presume de defender la libertad no puede medirse solo por cuánta presión ejerce sobre un gobierno, sino por cuánto protege a la población atrapada debajo de ese gobierno. Y hasta ahora, la realidad cubana muestra apagones, escasez, combustible restringido y una fragilidad social que no distingue entre ideología y necesidad. 

Resumen clave de la cumbre

ElementoQué pasóPor qué importa para Cuba
Fecha y sedeLa cumbre se celebró el 7 de marzo de 2026 en Doral, MiamiMiami se convirtió en el escenario simbólico de una nueva fase de presión regional contra La Habana. 
ConvocanteFue impulsada por Donald TrumpLa política hacia Cuba quedó directamente asociada a su agenda hemisférica. 
InvitadosParticiparon líderes aliados como MileiBukele y Noboa, entre otrosRefuerza la idea de un bloque ideológico de derecha alineado con Washington. 
ExcluidosCuba, Venezuela y Nicaragua quedaron fuera; también México, Colombia y BrasilLa exclusión fue política, no decorativa. Define quién entra al nuevo mapa regional de Trump y quién no. 
AgendaSeguridad regional, migración, carteles y contención de ChinaCuba aparece conectada a las tres preocupaciones centrales de Washington. 
Mensaje sobre CubaTrump dijo que la isla está “at the end of the line”, bajo un “bad regime”, y que busca negociarCombina amenaza, desgaste económico y eventual negociación desde una posición de fuerza. 
Presión adicionalEE.UU. ya venía apretando el cerco al petróleoque llega a CubaLa cumbre fue coherente con una ofensiva que ya estaba golpeando la energía y la economía cubanas. 

Al final, lo que pasó en Miami fue mucho más que una reunión entre presidentes amigos. Fue una declaración de intenciones. Fue Trump dibujando una frontera política dentro del continente y diciéndole a Cuba, frente a todos, que la presión apenas está entrando en una fase más abierta. La gran pregunta no es si la isla estaba en el centro del mensaje. Lo estuvo. La gran pregunta es qué vendrá ahora: ¿una negociación real, una escalada mayor o otro capítulo donde los discursos se endurecen mientras la gente aguanta el golpe? .

Ahora te toca a ti …..

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Y ahora te dejo la pregunta que de verdad importa: ¿tú crees que esta cumbre acerca el cambio para Cuba o solo anuncia una etapa más dura para el pueblo cubano?.


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Author: AKubaa

por AKubaa

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